¿Van a ser crónicas las estrategias de crónicos?

Todo empezó un 1 de febrero de 1984, cuando el Boletín Oficial del Estado publicaba una norma, aparentemente banal, que certificaba la creación de los centros de salud y de los equipos de atención primaria. O quizás todo había empezado antes, con la Declaración de Alma Ata, que revolucionó el modelo sanitario en medio mundo.


Desde entonces, la atención primaria ha ido creciendo, y a su manera (o mejor dicho como le han dejado) ha asumido su papel de gatekeeper dentro del sistema sanitario. Sin embargo, los problemas de siempre permanecen: consultas masificadas, poco énfasis en lo comunitario, dotación presupuestaria insuficiente, etc. Y de repente, llegó la moda de la cronicidad, en forma de planes y estrategias, con nuevas herramientas y modelos organizativos para cambiar la asistencia y centrarnos en los pacientes que más lo necesitan.

La gran duda es la de siempre: ¿quién va a coordinar la cronicidad? Parece lógico pensar que atención primaria pero hay otras especialidades que no quieren renunciar a su parcela en el escenario de los crónicos. Estar puede implicar trabajar más pero con posibilidad de medalla, no estar implica ser cola de ratón. Y todos se apuntan, como recuerdan Meneu y Peiró:

El manejo de crónicos empieza a ser, también en nuestro país, un interesante nicho de negocio para distintos candidatos a proveedores. Imaginemos pues que, contra toda la doctrina de referencia en AP, la gestión de algunos procesos, básicamente crónicos, se empieza a subcontratar con nuevos prestadores, surgidos de sus activos en el conocimiento (programas de gestión), el tratamiento (empresas farmacéuticas), la monitorización, o de la extensión de capacidades ociosas de algunos proveedores ya instalados en otras áreas del sistema.


Sergio Minué y Carmen Fernández han publicado un artículo en la revista Atención Primaria con el título “Visión crítica y argumentación sobre los programas de atención a la cronicidad en Atención Primaria y Comunitaria“. El artículo revisa la totalidad de los planes de crónicos de los servicios de salud y llama la atención sobre la falta de evidencia que avale la mayoría de las herramientas y estrategias que se plantean en dichos planes. Además, pese a que algunos planes ya tienen más de 5 años, aún no ha aparecido ninguna evaluación sobre su efectividad (salvo la evaluación de la estrategia del País Vasco que se publicó en 2016).

Entonces, ¿los modelos de crónicos no funcionan? Pues no, pero sí, es decir, hay evidencia en algunos casos y para algunas herramientas, aunque también cabe decir que todo depende de la implementación. Como señala el artículo sobre el modelo vasco: “La utilización en la estrategia de marcos teóricos sólidos, comparativa internacional y evidencia robusta sobre la atención a pacientes crónicos fue relevante, pero no garantizó su éxito“. Quizás cuando otros servicios de salud empiecen a publicar sus evaluaciones de los planes podamos tener más información, pero por ahora se trata de modelos implantados sin evidencia concluyente y sin evaluación posterior

Como señalan Minué y Fernández: “Cabe preguntarse si un verdadero fortalecimiento de la AP no sería la mejor opción ante los desafíos sanitarios planteados, sin necesidad de recurrir a innovaciones externas sin evidencia de su efectividad“. Juan Simó lo resume muy bien en su blog.

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