Nueve mitos y una nota al pie sobre liderazgo


El liderazgo nos rodea… Todos los jefes y directivos se esfuerzan por ser líderes, asisten a cursos sobre este tema y compran libros para aprender a diseñar el futuro. Es cierto que hemos tenido una crisis importante en el sistema sanitario por una doble escasez: poco dinero y poco liderazgo. Sin embargo, el liderazgo no es magia, y el hecho de poner todos los huevos en esa cesta hace que todo sea más endeble e inseguro.

Por eso, nos lanzamos a desmontar algunos mitos sobre el liderazgo (o sobre lo que nos venden como liderazgo):

1. Como dijo Woody Allen: “No conozco la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo“. Todo líder tiene sus enemigos, incluso los mejores líderes. Hay que asumirlo como algo normal.

2. El liderazgo autoritario centrado en conseguir resultados (estilo capataz) a veces funciona. Tiene mala prensa, destroza a los equipos y desmotiva en pocos días, pero funciona. Por ejemplo, en entornos de crisis, emergencias o cuando los resultados deben obtenerse a corto plazo.

3. Muchas veces el problema de una organización sanitaria no es la falta de liderazgo, sino una gestión deficiente y la falta de estrategia. Liderar es esencial, pero hay que saber gestionar recursos, procesos y personas.

4. Liderar sin tomar decisiones es tener al mejor equipo del mundo esperando a que pase el tren.

5. ‎El gran problema de las organizaciones sanitarias no es la falta de habilidades de liderazgo, es que a muchos jefes (que deberían ser líderes) les da igual no serlo.

6. ‎¿Cuál es el número óptimo de líderes en un hospital? ¿Uno? ¿Uno por cada unidad de trabajo? ¿A partir de cuántos líderes se genera el caos? Siempre se ha dicho que los líderes deben ayudar a crecer a su equipo, pero en ocasiones no hay sitio para tanto ego.

7. ‎El líder se hace, pero no solo con formación ni con masters. El autoaprendizaje, el contacto con otros profesionales, huir de los cursos de siempre y conocer otras materias, es una gran forma de desarrollar las habilidades de liderazgo.

8. ‎Hablamos de liderazgo pero siempre nos referimos al jefe, no al líder. Ignorar el liderazgo informal supone una pérdida importante de capital social del equipo.

9. La motivación se debió perder algún día y nadie la echó de menos mientras había dinero sobre la mesa. Se acabó el dinero y todos volvimos a pensar en la motivación.

Podríamos acabar la columna con una glosa sobre la importancia del liderazgo, de las habilidades de los jefes, y de la importancia de la empatía, la actitud y la integridad. Pero como la teoría la conoce todo el mundo, mejor vamos a centrarnos en un mito que hemos comentado: el de la gestión deficiente.

Existe una línea de trabajo en el ámbito de la gestión llamada gestión basada en la evidencia que pretende integrar la evidencia científica con la experiencia individual en el contexto de las características de cada organización. Algo como la medicina basada en la evidencia pero aplicado a la gestión sanitaria. Suena bien, ¿verdad? Todos tenemos claro que la evidencia, unida a la experiencia, son una herramienta infalible, pero la realidad es otra. Un reciente estudio (Barends et al., 2017) entrevistó a un buen número de directivos sanitarios preguntando en qué basan sus decisiones. Las respuestas fueron muy llamativas: un 91 por ciento en la experiencia personal, 64 por ciento en la intuición, 62 por ciento en el conocimiento adquirido mediante formación, 59 por ciento por consejos de otros colegas y solo un 34 por ciento en la literatura sobre gestión.

Seguramente, basar todas las decisiones exclusivamente en la evidencia en un entorno tan complejo como el sanitario podría implicar un fracaso tras otro, pero el exceso de experiencia personal y de intuición sin evidencia pueden llevarnos al mismo destino. Evidencia y experiencia, sí por favor, que además ese es el truco de la gestión (y de la medicina) basada en la evidencia. Y si le añadimos participación y transparencia, mucho mejor. En ocasiones, el exceso de intuición parece invitar a pensar en una gestión basada en la videncia (o en la eminencia). Y así no llegaremos a ningún sitio.


Artículo publicado en Diario Médico, en la sección “El huevo o la gallina”.

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