En Estados Unidos mueren más personas por consumo abusivo de opiáceos que por armas de fuego: así es la crisis de los opiáceos

Durante el año 2016, 15.094 personas murieron en Estados Unidos a causa de las armas de fuego; en ese mismo año, más de 20.000 sufrieron una sobredosis por abuso de opioides sintéticos y murieron a raíz de ello. La sobredosis por opiáceos es ya una causa de muerte más importante en Estados Unidos que las armas de fuego, sobre todo en el caso de los menores de 50 años. Así es como la llamada “crisis de los opiáceos” se ha convertido en una emergencia de salud pública en los últimos años.

¿Qué es la crisis de los opiáceos?

Casi 100 estadounidenses mueren cada día debido a la sobredosis de opioides: su uso abusivo y la adicción a los mismos se han convertido, en palabras del presidente Trump ya en octubre de 2017, en una epidemia y una emergencia de salud pública a la que es necesario poner freno.

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Esta situación se lleva gestando desde hace años: si bien el número de muertes por este tipo de sustancias lleva creciendo sin descanso desde los años 90, no fue hasta el año 2012 cuando experimentó una espectacular subida, pasando de los menos de 5.000 casos en ese mismo año a los más de 20.000 en 2016.

El problema más grave es que muchas de estas sustancias son analgésicos recetados por los médicos: vicodina, codeína y morfina forman parte de este grupo de medicamentos que, desde hace unos años se han recetado sin mesura a los enfermos y pueden resultar adictivos. Esto es algo que se ha reflejado incluso en la cultura popular: recordemos como el doctor Gregory House, de la serie House MD, era adicto a la vicodina, un potente agente analgésico para el tratamiento moderado del dolor en este caso causado por el aneurisma que sufrió en su muslo. En esta misma serie podíamos verle tomando píldoras de vicodina como si fueran Lacasitos.

¿Qué son lo opiáceos?

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Aunque la nomenclatura suele utilizarse de forma indistinta, los opioides y los opiáceos no son lo mismo. El opioide es la sustancia endógena (producida por nuestro organismo) o exógena (introducida en el organismo) que se une a los receptores opioides que se encuentran en nuestro sistema nervioso central. Dentro de estos, los opiáceos se refieren a los alcaloides naturales del opio y a sus derivados semi-sintéticos: morfina, codeína, heroína, oxicodona y metadona entre otros.

La morfina, la codeína o la oxicodona son opiáceos que se recetan para disminuir el dolor agudo o crónico

Los opioides actúan sobre los receptores opioides de nuestro organismo para reducir la percepción del dolor y llevan usándose desde hace siglos como tratamiento del dolor intenso, pero también para otros fines como el tratamiento de la tos o incluso de la diarrea. Actualmente se utilizan médicamente para tratar los episodios agudos de dolor y el dolor crónico, si bien no existe una evidencia fuerte de su efectividad al tomarlos a largo plazo.

Estas sustancias, aun cuando se toman de forma terapéutica y estando prescritas por un médico, tienen un alto riesgo de resultar tremendamente adictivas.

¿Por qué ha surgido la crisis de los opiáceos?

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Durante los años 90 las compañías farmacéuticas aseguraron a la comunidad médica que los analgésicos opioides eran seguros y que no causarían adicción en los pacientes que los consumieran: estos medicamentos estaban autorizados por la FDA (Federal Drug Administration) para su uso limitado y temporal.

Estas declaraciones, unidas al pago a los médicos por parte de las farmacéuticas para promocionar sus productos y al enorme esfuerzo de marketing de este tipo de medicinas en la televisión, provocó que los médicos realizaran un exceso de prescripciones de medicamentos opioides que han derivado en lo que hoy conocemos como “la crisis de los opiáceos”.

El 80% de los consumidores de heroína en USA abusaron anteriormente de los opioides

El número creciente de recetas derivó en el uso y abuso de este tipo de sustancias, algo que evidenció que podían resultar muy adictivas. Las personas que abusaban de dichas sustancias podían sufrir trastornos debido a ello e incluso morir por una sobredosis.

Otro dato importante es que entre el 4% y el 6% de aquellas personas a las que se recetaron medicamentos opioides para el tratamiento del dolor crónico pasaron después a consumir heroína: un opioide semisintético derivado de la morfina y con un gran riesgo de causar adicción. Además, alrededor del 80% de los consumidores de heroína en Estados Unidos realizaron anteriormente un consumo abusivo de los opioides.

Este consumo abusivo de opioides, primero recetados por los médicos y después consumidos en demasía debido a su adicción, es lo que ha generado este problema de salud pública ante el gobierno de la Casa Blanca y los ayuntamientos de las ciudades más importantes de Estados Unidos pretenden luchar.

La solución pasa por la prevención: la millonaria demanda de Nueva York a las farmacéuticas

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La ciudad de Nueva York es una de las más afectadas en Estados Unidos por esta crisis de los opiáceos: entre tres y cuatro personas mueren a diario en Nueva York debido al abuso de estas sustancias. Esto, además del costo en forma de vidas humanas (el más importante de todos, evidentemente) también supone un gran desembolso económico por parte de la administración que Nueva York ha estimado en 500 millones de dólares anuales.

Debido a esto, como compensación económica y como una manera hacer frente a la epidemia sufrida en Estados Unidos en estos últimos años, la ciudad de Nueva York ha denunciado a siete grandes farmacéuticas y a tres distribuidores de medicamentos solicitándoles estos 500 millones que se usarán para poner en marcha un programa para contrarrestar esta situación.

Tan solo en el año 2016 fueron 1.075 las muertes causadas por sobredosis de opiáceos en Nueva York, sobre todo entre los estratos más pobres de la población (si bien se trata de una epidemia que no hace distinción entre sexos o clases sociales). Esto se debe, en gran parte, a que se han ocultado o se ha mentido sobre los posibles efectos secundarios de estas sustancias, prescribiéndolas de forma masiva y ocultando que los riesgos de tomarlas superan los beneficios.

Nueva York ha sido la última ciudad hoy en sumarse a esta demanda, que ya ha sido planteada en otras ciudades y condados de Estados Unidos.

Imágenes | iStock
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